Nuestro patrimonio popular: las cigüeñas

En Salamanca, además de nuestro patrimonio cultural, histórico y artístico, tenemos otro patrimonio, un patrimonio popular, esas aves fascinantes que nos acompañan y forman parte de algunos de los monumentos de nuestra ciudad y de nuestros campos, las cigüeñas.

El típico refrán “Por S. Blas la cigüeña verás y si no la vieres año de nieves”, se nos queda un poco desfasado, ya que nuestras vecinas, debido al cambio climático, empiezan a llegar un poquito antes, justo después de Navidades.

Año tras año, la misma pareja vuelve al mismo nido para criar. Cuando se saludan, que por cierto el macho y la hembra son idénticas en forma, coloración y tamaño, el canto que emiten es un castañeo que producen al entrechocar las mandíbulas, conocido como crotoreo. Los cigoñinos al nacer tienen un pequeño diente en el pico para romper la cáscara del huevo y además con custodia compartida, tanto el macho como la hembra participan en la incubación y desempeñan el mismo papel en las tareas domésticas.

“En la espadaña de la Iglesia, la cigüeña descansa, cría y canta” (refrán popular).

Nuestro agradecimiento a Manuel Mena, que tan amablemente nos cede algunas de sus fotos. 

2 Comentarios

  1. Manuel

    Ser cigüeña en Salamanca

    Cuando veo una cigüeña en lo alto de la catedral, siempre pienso que goza de un privilegio, puede ver desde arriba las tres fachadas,los tejados,y todo lo demás.

    Ver a las personas como sombras suaves, y mirar de reojo a las campanas que asustan de verdad.
    Cualquier mujer quiere verse con dos espejos y opinar.
    ¡Toda Salamanca quiere verse desde la catedral!
    ¡ Toda Salamanca sueña con ser cigüeña y soñar !
    ¡ Que las visitas que organizáis vosotras, ayuden a eso y mucho más !

    Responder
    • Teresa

      ¡Qué bonito Manuel! muchas gracias por tu comentario. Para nosotras es un placer poder disfrutar de estas aves fascinantes cuando en nuestras visitas nos acompañan formando parte de los monumentos de nuestra ciudad, en sus nidos, en los pináculos o simplemente observándolas volar, en un ir y venir constante hacia sus nidos.

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