D. Miguel en Fuerteventura

La estancia de D. Miguel en Fuerteventura, fue un regalo inesperado, unas vacaciones, un soplo de aire fresco en su vida. Alojado en el hotel Fuerteventura, pronto entabla amistad con las gentes de Puerto de Cabras, actual Puerto del Rosario. Los majoreros acogen al catedrático como una bendición, un acontecimiento único. Entre sus amigos está el párroco Víctor San Martín, el joven pescador Antonio Hormiga…y sobre todo Ramón Castañeyra Shamann, con quien establece una gran amistad. 

Pronto comienza su rutina diaria que consistía en baños de sol por la mañana, almuerzo, siesta, partida de ajedrez, lectura, tertulia, cena, paseo marítimo y algunas veces, excursión.

Recorre todos los pueblos de la isla; Betancuria, Pájara, La Antigua, La Oliva y también los pueblos cuyos nombres le hablan de los aborígenes; Triquivijate, Tuineje, Tiscamanita, Tefía, Tetir…

Viene a visitarle aquí su amigo y traductor inglés de su obra Mr. Crawford Flinch y también el director francés del diario Le Quotidien, que es quien se encarga de preparar su salida de la isla hacia Francia.

Sufre al estar separado de los suyos, pero se siente enseguida atraído por la isla. Ensalza el clima, “una eterna primavera”, la comida buena y muy sana y apenas le decepcionan los paisajes desolados. 

“La isla es de una pobreza triste; pero no es tan malo como nos lo habían pintado. El paisaje es triste y desolado, pero tiene hermosura. Estas colinas peladas parecen jorobas de camellos. Es una tierra acamellada”.

¿Qué le parece a usted nuestro clima? le preguntan:

…”¡Qué escuela de sosiego!, ¡qué sanatorio!, ¡qué fuente de calma!…Pero este clima, ¡este clima! y ¡cómo se duerme! ¡Es una bendición, una verdadera bendición. En mi vida he dormido mejor!. 

…”En estas mañanas, cuando el sol, al salir de la mar, me da, recién nacido, un beso en la frente, tomo mi Nuevo Testamento griego, lo abro al azar y leo. En este clima las viejas parábolas, las parábolas eternas, me suenan a algo enteramente nuevo. Sí, este es un paisaje evangélico”

…”aquí se alimentan de gofio. Se llama gofio en estas islas Canarias, a la harina de trigo, de millo o de maíz o de cebada, cuyos granos se tostaron previamente y que han sido molidos en uno de estos molinos de viento que nos recuerdan a los gigantes contra los que peleó D. Quijote…”

…”dicen que el gofio es pesado, que es difícil de digerir. A mí no se me ha indigestado y aquí lo como, bien que diluido en caldo…”

Sí, como uno más, comiendo gofio, paseando, charlando, conociendo pueblos, rincones, costumbres, flora, fauna. Fuerteventura te acogió con los brazos abiertos, te cautivó y enamoró.

 

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