D. Miguel de Unamuno

D. Miguel de Unamuno y Jugo, “el más grande”, el rector por excelencia de nuestra Universidad. Llega a Salamanca desde Bilbao al obtener la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca. No pensaba que la ciudad del Tormes se le iba a meter tanto en el corazón:

“Del corazón en las honduras guardo tu alma robusta

cuando yo me muera, guarda dorada Salamanca mía tú mi recuerdo”

Chocaba su manera de pensar, su forma de vestir. Él mismo se autodefine como “hombre de contradicciones y peleas”. Catedrático primero y luego rector con 36 años. Va a vivir a la casa rectoral, al lado de la Universidad, en cuyo balcón había una parra a la que le dedicó un soneto, “La parra de mi balcón”.

Rector magnífico, profundamente religioso, gran escritor, prodigio de su tiempo, agitador, rebelde, asistemático. Es fiel a sus ideas y pensamientos lo que le lleva a que sea cesado como rector, le vuelven a nombrar decano y vicerrector, le cesan de estos cargos, le exilian a Fuerteventura, vuelve a ser nombrado rector, vuelto a destituir… su vida transcurrió en medio de altibajos, en tiempo de conflictos, pero siempre se mantuvo fiel a sus ideas. De su exilio a Fuerteventura hablaré largo y tendido más adelante.

De obligatorio cumplimiento es mencionar el incidente que tuvo lugar el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad, donde se celebraba el día de la raza, acto en el que hay un enfrentamiento verbal entre D. Miguel de Unamuno y Millán Astray, el fundador de la Legión española, enfrentamiento entre la barbarie y la inteligencia, entre la fuerza y la pluma. Tras este incidente, a D. Miguel le destituyen como concejal y nuevamente como rector.

Siente su corazón lleno de amargura, ha decidido no volver a salir de su casa, presiente que la muerte le acecha. Muere el 31 de diciembre de 1936. En su tumba está el siguiente epitafio de su obra “El Cristo de Velazquez” que refleja cómo fue su vida, siempre fiel a sus ideas:

“Méteme, Padre Eterno, en tu pecho

misterioso hogar, dormiré allí,

pues vengo deshecho de tanto bregar.”

(D. Miguel de Unamuno)

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